martes, 23 de agosto de 2011

Tan domingo!

Hasta qué punto puede una persona cambiar sus formas en base a lo que otro se las condiciona?
Hoy pude verme un poquito desde afuera. Pude escucharme hablar, leerme; interpretarme como público y no como actriz...
Analizando mis actos y mis palabras, saqué determinadas conclusiones:
Ante todo, me doy cuenta de que cambié por demás mi forma de sentir, demostrar, exigir, demandar, ofrecer, regalar y expresar. Todo esto al punto de no reconocerme. De sentirme completamente perdida por no entender el hilo de lo que estoy haciendo, por no conocer cuál es el fin, ni el recorrido; por perderme a mitad de camino y no volver a encontrar el rumbo.

Tengo varias teorías, aunque la última fue la más cercana a lo que puedo llegar a considerar la más factible.

Por un lado, creí que todas las cosas que me estaban costando tanto esfuerzo, eran simples consecuencias de antiguas relaciones, con sus golpes y enseñanzas.
Por otro, creí que quizás no se puede encontrar en todas las personas que nos cruzamos una relación seria o firme.
Por otro, creí que él no sentía las cosas de la misma forma que yo lo hago y eso a mi me cuesta y mucho, ahora. Ahora creo que perdí la capacidad para lidiar con ese dolor, esa decepción que provoca la relación fallida.

Si bien no descarto ninguna de las anteriores del todo y hoy en día creo que es una mezcla de todo, descubrí algo nuevo. Hoy viéndome, descubrí que yo tampoco sé que es lo que siento, qué es lo que quiero y qué es lo que espero de esta relación. No tengo ninguna certeza. Bah, en realidad sólo una, y es que estoy mucho más jugada de lo que creí y no sé si eso es querer más o mejor, sólo sé que no puedo dejar de lado esas ganas de sacar al otro de los problemas, de ayudarlo, de ser la persona en quien confíe, en quien se apoye, en quien se aisle, en quien esté sólo y acompañado, con quien pueda ser él mismo y tener el estado de ánimo que quiera tener cuando quiera.

Y si todo eso es poco, qué mal que estamos.

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